
En el corazón de Camajuaní, hay un lugar donde la vida se cuida con esmero. Es el Hogar Materno Matilde Prado, una institución de alta sensibilidad que acoge a embarazadas con diferentes patologías, mujeres que necesitan vigilancia constante y que muchas veces han dejado sus hogares para proteger a sus bebés.
En el contexto actual cubano, mantener un lugar así funcionando implica retos. Y en un hogar materno, lo básico es sagrado: una comida caliente a la hora indicada, un ventilador en las noches de calor, una luz encendida para cualquier emergencia.

Hace unos meses, cumplir con eso representaba una preocupación constante. Sobre todo en la cocina, porque cuando falla la electricidad, se atrasan los desayunos, se complican las meriendas, y las embarazadas, muchas con patologías que exigen horarios estrictos de alimentación, no pueden esperar.
Sin embargo, hace unas semanas, la solidaridad llegó a Camajuaní de la mano de la MIPIME Jireh-Ebenezer, que donó un módulo de paneles fotovoltaicos que hoy brillan en el techo del Hogar Materno Matilde Prado y con ellos, llegó la tranquilidad.
Hoy, las trabajadoras lo cuentan con una sonrisa que no se les borra: ya no importa si hay apagón. Los alimentos se mantienen frescos en los refrigeradores. Las cocinas funcionan a la hora que tienen que funcionar. Y cada desayuno, cada almuerzo, cada merienda, sale en el horario estipulado.
Pero el beneficio va más allá. Las embarazadas ahora tienen iluminación en sus habitaciones y pueden usar sus ventiladores cuando el calor aprieta. Esas pequeñas cosas, que parecen sencillas, significan un mundo para una mujer que está lejos de su casa, atravesando un embarazo de riesgo.

En palabras de quienes allí trabajan, esto ha sido "lo más maravilloso que le ha podido pasar a este hogar materno" . Y cuando una las escucha, entiende que no exageran.
Porque en una institución de alta sensibilidad, cada detalle cuenta. Y hoy, gracias a la solidaridad de los actores económicos del municipio, el Hogar Materno Matilde Prado puede seguir haciendo lo que mejor sabe: cuidar vida.
En Camajuaní, el sol ahora no solo alumbra: cocina, refresca y protege a quienes están por dar a luz.
Fotos: Marelis Díaz Guerra


